martes, 16 de octubre de 2007

Los hombres compiten...los niños juegan

los nervios entorpecen para acelerar las letras

<<De cualquier manera buscaba un alivio mental. Algún distractor que no lo esforzara en demasía.
Luego de probar con los ejercicios físicos, verbales y sociales ya practicados, se engañó con una casualidad: sentarse a un lado y observar.

Mejor dicho: sentir. Dejando ultrasensibles los sentidos, sólo con el cuidado de
no exasperar ante la sobrestimulación. Paradójicamente lo relajó. Entonces en la esquina de esta caja descubierta al cielo, armándose de los ánimos de ser intelectual, una canción existencial y el abrigo de un sol de octubre a media mañana, armó su puesto de vigía.

Muchas veces, transeúntes descanzaban sus gluteos cercanos a los suyos para conversar como era habitual. Pero de apoco se transformaba en un rito, para hacer honor a su poca genialidad.

Sin lugar a dudas sus conocimientos de logística lucían, pero el calorcito ese era intransable.

Entonces, desde la misma tierra pudo mirar.

Arrancó en un aleteo parcial, como un ave atada al suelo con
intención. Cuando parecía arrancarse, pares de faldas, revueltas de pantalones o delantales de superioridad tiraron de sus pies. Esto con repetición.

Así de engañado quedaría el que lo lea, así como él.


Encontraba a veces un individuo especial. Algo quieta y acompañada a voluntad. Ventanas pequeñas al cielo, y más aún, a sí.

No era una ícono novedoso, pero su actuar se apasiguó con los años y de cachorro pasaba a jóven.


Entonces un enamoramiento era preciso, y no pretendía ser más que eso.

Un jueguito que alivianaría el peso del día.
Saludó su perfil sin avisarle.
La respuesta vino, pero fingir es más divertido.
Girar cuando podíán interferirse, y escribirlo así no es más que una caricaturización del hecho.
Con más disimulo que una voz dentro de ese murmullo eterno, el juego.
Jugó con ella...esa frase punzó el costado del patio, pero dió paso a un: "estúpido, no sabe"

A veces tardó. ¿Jugaba tam
bién?

Nah...se avalanzó sobre el aire frente a sí para caminar.
La vuelta por el lado opuesto al vigía. Su espalda y el perfil desconcido dieron paso a un parpadear en que desaparecía.

El juego no lo dejó escuchar el silbido final del match, un reproche usual sin receptor. Supo que no era el tipo, de hecho la odiaría. Pero siguió jugando...>>

<<Los niños juegan - Fray Sannan Rice>>

1 comentarios:

charlie dijo...

Una persona sabia me dijo que los hombres no se diferenciaban de la masa porque se limitaban entre ellos mismos, porque desde que son niños los adultos les enseñan lo que supuestamente esta correcto pues esto hace que las personas no se den cuenta de capacidades y sentidos que estan allì y que se desperdician al no ser desarrollados los niños nacen para descubrirse los adultos para descubrirles el mundo.